Por Marcos Israel, Presidente de CCIU
El Presidente del CCIU, Marcos Israel, estuvo presente en la inauguración del Museo Histórico en Honor a la Presencia Judía en Panamá. Destaca en esta nota, su sorpresa al conocer que “Panamá vieja fue fundada en 1519 por Pedro Arias de Ávila, descendiente directo de judíos segovianos. Pedrarias, fue nombrado Gobernador y Capitán General de la región de Castilla de Oro a la que pertenecía el istmo, por instrucciones del rey Fernando de Aragón”. La inauguración se realizó en el marco del Foro Estratégico para líderes de Comunidades judías iberoamericanas del American Jewish Committee.
Debo decir que me causó una en enorme sorpresa uno de los primeros paneles que se destacan en el museo: “Panamá vieja fue fundada en 1519 por Pedro Arias de Ávila, descendiente directo de judíos segovianos. Pedrarias, fue nombrado Gobernador y Capitán General de la región de Castilla de Oro a la que pertenecía el istmo, por instrucciones del rey Fernando de Aragón”.
El museo recoge principalmente la historia de los criptojudíos, quienes mantenían su fe en secreto a causa de la Inquisición española. Su presencia fue importante durante más de dos siglos en las colonias americanas, especialmente México, Cartagena y Lima. En el istmo de Panamá se establecieron en lugares como Portobelo, La Villa de Los Santos y Panamá Viejo (contigua a la actual Panamá moderna).
A principios del siglo XVII llegaron quejas al rey de que el lugar estaba lleno de “mercaderes judíos que viven en su ley”, o también que “hay aquí descendientes de infieles y judíos y casi todos lo son”.
En los archivos de la Inquisición se encuentran con lujo de detalles las persecuciones desplegadas contra estos habitantes del lugar. Así, Sebastián Rodríguez fue sindicado como líder en la ciudad, quien se decía que “tomaría una cassa que el tenía mirada y vista en la calle de Calafates para en ella leer la sinagoga”. La calle de Calafate era una de las principales calles de Panamá Viejo. Su nombre deriva de sus astilleros donde se calafateaban o reparaban barcos para evitar filtraciones y la broma marina, un molusco que afectaba sus maderos. Fue en los altos de una casa de esta calle que los “judaizantes” pretendieron ocultar una sinagoga en la ciudad de Panamá.
En otro de sus paneles luce que el Informe inquisitorial contra Rodríguez indica que el lugar de rezos judío se fundó o estuvo a punto de fundarse en Panamá Viejo. Los libros de rezos generalmente venían de Amsterdam. Consistían en el seder hatefiloth, con las oraciones diarias, y las grandes festividades del ciclo litúrgico anual hebreo. Dos textos rituales para el Año Nuevo y el Día del Perdón, y los himnos de Sehilot con oraciones rezadas al alba durante cuarenta días antes de Rosh Hashaná. Adicional estaban el libro de los ayunos y de las tres fiestas de peregrinaje: la Pascua, el Don de la ley y las Cabañas.
Junto con estas historias, se exponen una cantidad de objetos de culto, desde Tefilín y candelabros a Talits.
La ceremonia de inauguración fue sumamente emotiva, destacándose la presencia de la esposa e hijos de Joseph E. Harari, quienes donaron este museo en su memoria. El museo está ubicado en un extraordinario lugar entre las ruinas de Panamá Viejo.